martes, 14 de octubre de 2008

Parece que eres el único que sabe como es ser yo

Una sonrisa que jamás me esperé volver a ver. ¿Dónde te has dejado tus buenos modales? ¿Dónde queda eso de llamar para avisar que vas a darme la sorpresa de mi vida? Con quince-dieciseis años ya va teniendo riesgo mi pobre corazón de infartarse por algo parecido. De todas maneras... ¡HOLA! Esperaré a que mi corazón se tranquilice y repita nuevamente sus pulsaciones originales, antes de correr a abrazarte y que vuelva a intentarse escapar. ¿Cómo estás? ¿Qué haces aquí? No, no me respondas. Soy muy preguntona, lo sé... Pero hace tanto que no te veo...

Ha sido toda una sorpresa que abrieras la puerta del coche y sonrieras preguntando mi calle. Al principio, no te había visto. Después, pensaba pasar de ti. Y luego he caído en la cuenta de que esos ojos solo podían ser los tuyos y que efectivamente, como tantas veces he pedido, estabas ahí. Creo que el grito de sorpresa lo han oído hasta en Francia, pero no me ha importado abrir de cualquier manera la puerta y saludarte con un abrazo de oso, casi afixiándote... Pero estabas feliz.

Por supuesto, ni punto de comparación con que me dijeras que te quedabas "para rato largo" y eso significaba un silencioso "hazme sitio en tu cama, que esta noche te cuento otro cuento". Una sonrisa no me viene nada mal en este momento. Un amigo no me viene nada mal en este segundo. Ojalá pudieras quedarte para siempre, pero lo poco (porque para mí siempre es poco) que estés, será... genial.

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