Déjame fingir sorpresa al verte. Sé que solo quieres ayudarme y sé que solo yo no te dejo. Es que me siento débil contigo a mi lado. La protegida, la niña perdida, la indefensa… Déjame tomarme las cosas como yo quiera. Si le mando callar, la próxima vez no volverá a decirlo. Me siento mejor marchándome a la francesa… Y que me esperes sentado, sonriendo, en la puerta. “Has tardado. Creí que no harías que valiese la pena”. Lo siento, he tenido demasiada paciencia… No volverá a ocurrir. He llegado hasta ti con una sonrisa, cada vez tengo menos aguante. ¡Qué puntería, te has buscado una novia cobarde! “No vuelvas a decir eso, sigues hablando de mi chica”. No sabía yo que para ti fuera tan importante… Me acabo de dar cuenta de que, por mí, lo haces todo. Te pedí una sonrisa, y me trajiste un amigo lejano. Te pedí un beso y me regalaste una noche en tu cama. Te pedí que me soportases y cada vez que me caigo me doy contra ti. ¿Qué te pasa conmigo? No puedo ser tan buena como tú me dices. “La intención es lo que cuenta, nunca harías mal a nadie”. No puedo ser tan simpática. “¿Qué quieres que yo te diga? Me he enamorado de tu locura”. No puedo ser nadie que te merezca. ¿Y qué me pasa contigo? Que no oigo si no es tu voz. Que veo si no es a ti. Que no toco si no es tu cuerpo. Que no saboreo si no es tu boca. Y cada vez que me doy cuenta de que me estoy volviendo loca… Apareces tú y me lo olvidas.
viernes, 31 de octubre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario